Hoy es la primera vez que saco al público las fotos de un estudio anual, en este post os presento a Zoe y Ane, dos niñas guapísimas a la vez que encantadoras. Hacer sesiones con ellas es muy gratificante ya que les cuesta los mismo sacarte una sonrisa o mostrarte un gesto tan tierno como el que podemos ver en la foto.
La tarde empezó con pinturas, intentando recordar los momentos que pasé el otro día con Asier, pero nada de eso, a Oier no le gustan las pinturas je, je, je. Ahí estuvimos un rato su padre y yo preparándole cada color en un plato para que jugara con ellas, pero no, cuando las vio empezó a tirarlas por los suelos y a mirarnos con una cara sonriente, desde ese momento pensé esta sesión va a ser muy pero que muy divertida y ahí estuvimos gateando juntos, sonriendo y pasando un rato MUY DIVERTIDO.
Hoy os voy a hablar de los álbumes de boda, uno de los productos que mas os preocupa ya que es donde se va a poder observar el resultado final del trabajo que se ha realizado durante vuestro día.
Antes era mucho mas común ver los álbumes “analógicos” de toda la vida donde va la foto pegada en una cartulina, aunque con el tiempo ya no lo es tanto, pero todavía se pueden seguir encontrando en casi todos los sitios. La diferencia entre un álbum analógico y uno digital principalmente va a ser la forma de presentar el contenido, ya que las tapas de los álbumes digitales no tienen nada que envidiar a los de siempre.
Ayer tuve el placer de compartir unos instantes con Asier, un niño tímido, cuando entró por la puerta del estudio me miró de rojo como diciendo ¿quien es este?. Poco a poco fuimos cogiendo confianza, incluso al final de la sesión acabamos corriendo de lado a lado por el estudio.
Es maravilloso el vínculo que se puede generar en poco tiempo con un pequeño.





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